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Carlos Reboratti: "Tenemos problemas ambientales mucho más serios que las papeleras"

La disputa con Uruguay por la pastera de Fray Bentos sirvió para poner un tema ambiental en el centro de la atención pública, pero refleja nuestras grandes asignaturas pendientes en materia de recursos naturales.
La conciencia ambiental de un país marca también su grado de desarrollo. Y en tal sentido, la Argentina -Gobierno y sociedad incluidos- no está a la altura de las circunstancias. Las evidencias: desde la deforestación y la contaminación de ríos y napas, hasta la erosión de suelos y la degradación de la fauna marina por sobrepesca. Desde el impacto de las grandes obras de infraestructura sobre la calidad de vida urbana y rural, hasta el que tiene la explotación minera sin recaudos o las inundaciones en las grandes ciudades. A eso agreguemos los desplazamientos turísticos masivos y los emprendimientos inmobiliarios que arruinan nuestras playas y hacen colapsar la provisión de agua. Tal es el panorama que presenta Carlos Reboratti, uno de los más prestigiosos geógrafos argentinos, para quien el conflicto por las papeleras con Uruguay sirvió para poner un tema ambiental en el centro de la atención pública, pero refleja al mismo tiempo las grandes asignaturas pendientes que el país tiene en materia de recursos naturales, ordenamiento territorial y modelo de desarrollo sustentable. Reboratti es profesor de las Universidades de Buenos Aires y Córdoba e investigador del Conicet.

Después de cuatrocientos días de cortes de ruta en las fronteras argentino-uruguayas y la planta de Botnia funcionando en Fray Bentos, ¿cuál es el balance que puede hacerse de esta disputa?
Diría que el movimiento ambientalista de Gualeguaychú ha tenido una gran virtud y un gran defecto. La virtud es haber golpeado sobre la débil conciencia ambiental que existía en nuestro país hasta no hace mucho tiempo e instalado la problemática ambiental en el debate y en la agenda pública. El defecto, creo yo, fue que siendo un movimiento espontáneo, sin un buen apoyo técnico, se adoptaron posiciones absolutas desde un principio que se fueron haciendo cada vez más inflexibles, radicalizadas y próximas a la exageración.

Usted dice "débil conciencia ambiental" ¿Este reclamo es más el resultado de una debilidad que de una fortaleza?
Ocurre que el tema ambiental en Argentina era casi inexistente hasta hace diez o quince años. Llega tarde, cuando ya en otras partes del mundo era una cuestión más apremiante, y llega mal a la esfera estatal, cuando se crea una Secretaría con ese nombre y se coloca allí a un personaje como María Julia Alsogaray, que de pronto le dio al tema ambiental una pátina de frivolidad y corrupción que hizo que los gobiernos posteriores prácticamente escondieran la Secretaría de Medio Ambiente en diversos lugares de no mayor relevancia. Uruguay, en cambio, tiene una tradición mucho más larga en manejo ambiental y en ordenamiento territorial. Y Finlandia, de donde viene la empresa Botnia, es número uno en el ránking mundial en la materia.

Pero ¿contaminan o no las papeleras sobre el Río Uruguay?
Las pasteras han tenido y tienen un historial complicado y problemas en muchos países; pero no son necesariamente contaminantes si el país en el que se instalan ejerce los controles adecuados. El problema es que la Asamblea de Gualeguaychú lo lleva a términos absolutos diciendo "No a las papeleras" y cambia entonces el eje central de la discusión que es la contaminación. Yo creo que desde ese punto de vista, la posición de Greenpeace es más correcta.

¿Qué dice Greenpeace?
No dice "No a las papeleras", sino "No a la contaminación de las papeleras". Y lo hace porque tiene una historia internacional de relación con el tema papeleras e incluso ayudó técnicamente para que las empresas mejoraran la tecnología y no contaminaran.

¿Por qué se llegó a esta situación?
Yo creo que se llegó a esto lentamente dejando que el conflicto siguiera su curso y confiando erróneamente en que perdería intensidad. La mayor parte de los movimientos ambientalistas son bastante ingenuos y están siempre muy predispuestos a captar lo peor. O sea, cuanto más catastrofistas son las opiniones que les llegan, más razones los alientan en sus demandas. Es difícil encontrar un ambientalismo moderado. Sin embargo, las razones genuinas de su protesta encuentran canales cuando hay un interlocutor, que en este caso debe ser el Estado, que se hace cargo de sus demandas y les encuentra respuestas. Se empieza con una posición "No queremos las papeleras" y después, por ejemplo, en otros casos en el mundo, los movimientos ambientalistas tienen un lugar en la comisión de control de las papeleras. Y esto es lo que no ha ocurrido, porque además hay entremedio una controversia diplomática entre países. Ahora, han generado una profecía autocumplida: tanto dijeron que la papelera va a contaminar y, como la papelera está ahí, ¿ la gente no va a ir a Entre Ríos porque va a decir "mire, si la gente de Gualeguaychú dice que va a estar el agua envenenada, y el aire irrespirable, no va mos a ir a Gualeguaychú"? La inflexibilidad llevó al peor de los escenarios imaginables.

¿Y por casa cómo andamos, mientras tanto, en materia ambiental?
Bueno, la Argentina tiene problemas ambientales mucho más serios que la pastera de Botnia en Fray Bentos. El primero es la deforestación; por suerte salió una ley ahora, con mucha dificultad. Otro muy importante es la contaminación indirecta, en Buenos Aires y en muchas ciudades del interior. Otro es la desertificación. Y un cuarto es el manejo de las inundaciones. Pero cada uno de estos problemas, a los que se suman otros como el propio control de las industrias contaminantes o de la explotación minera y pesquera, por ejemplo, pueden englobarse en la falta de una visión estratégica renovada del ordenamiento territorial de nuestro país que incluya el factor ambiental en un lugar central.

¿Por ejemplo?
El tema ambiental estuvo en el pasado muy asociado a un criterio "conservacionista", de resguardo paisajístico de nuestros bosques y especies autóctonas, de la flora y la fauna, lo que es por cierto muy importante. Y por otro lado, a una concepción geopolítica en la cual los recursos naturales y la apropiación de la naturaleza eran una fuente de afirmación de la soberanía.

¿Y no sigue siendo así?
Sí y no. Todavía no hemos sabido responder qué hacemos con el territorio que ocupamos, para qué nos sirve, qué beneficios nos genera y cómo desarrollamos y distribuimos nuestro capital natural y social de manera sustentable. No hace falta recordar que Fray Bentos y Gualeguaychú forman parte de una misma región y que aquí el escudo fronterizo de las soberanías nacionales está perjudicando a ambas comunidades.

Sobrevuela el papel que cumple, o deja de cumplir, el Estado...
Así es. Los gobiernos deben tomar activamente una posición de intermediarios y mediadores para resolver en conjunto este tipo de conflictos en lugar de ser un actor más del mismo, asumiendo las posturas de los intereses en pugna o pateando la pelota para adelante, esperando a La Haya.

Finalmente, a propósito de la "conciencia ambiental" en estos tiempos: el turismo ¿es una industria limpia o contaminante?
La pregunta es algo suspicaz y la respuesta es: depende. Uno siempre piensa la actividad turística como una actividad agradable, de contacto con la naturaleza. Pero muchas veces, el turismo genera un problema de contaminación muy importante. Sobre todo, cuando se concentra. Tenemos dos o tres ejemplos en Argentina. A las Cataratas del Iguazú, llegan un millón de personas por año. Bariloche crece tanto y en forma tan desordenada, que va destruyendo el propio recurso natural paisajístico que es su fundamento. Finalmente, veamos nuestra costa atlántica, sobre todo en estas temporadas veraniegas. El recurso es la playa. Estamos haciendo todo lo posible por destruirla. Construimos una costanera sobre la primera duna de la playa, que es la que alimenta de arena; por lo tanto, la playa se angosta. Construimos balnearios sobre la propia playa, entonces el flujo de sedimentos se corta. Y llegamos a sacarles el sol a los turistas construyendo edificios de muchos pisos sobre el mar. En la provincia de Buenos Aires se están preocupando seriamente, y ha habido casos, de buen manejo. Villa Gesell, por ejemplo, eliminó la costanera y la transformó en un muelle con pilotes, donde el viento y los sedimentos pueden pasar de lado a lado. Pero fijémonos qué contrasentido: en todos los balnearios, la gente dice "Qué problema la arena..." cuando camina por las calles. "Uy, la arena es un desastre", pero la arena es el origen de ese balneario; si se saca la arena, se saca el balneario.

¿Y la contaminación?
Lo mismo. ¿Qué pasa con una ciudad que tiene, a lo mejor, cinco o diez mil habitantes, y de golpe llegan 300 o 400 mil, y que no tiene sistemas cloacales? Todo esto drena hacia abajo, contamina las napas, entra el agua salada, se saca cada vez más agua, la napa desciende y ¿quién está dispuesto a hacer una inversión enorme en manejo de aguas servidas, para poblaciones que tienen 400 mil habitantes durante dos meses y 10 mil durante el resto del año?

Señas particulares:
● Profesión: Geógrafo
● Edad: 61 años
● Actividad: Profesor de las Universidades de Buenos Aires y Córdoba
Fabián Bosoer - Clarín - Domingo 06/01/2008

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